¿ DE LA AMISTAD AL AMOR ?


Fue entonces cuando caminando ante el altar pensé en todos nuestros días atrás, en los días que nos habían llevado hacia ese lugar, fue entonces cuando después de cada uno de los pasos que habíamos dado juntos, ahora estábamos frente al altar, en mi interior sentía una tranquilidad inimaginable, una preciosa paz interior, sentía como si estuviera caminando sobre un suelo e bombones blancos de azúcar, sentía mágicamente como si lo que hiciera no fuera mas que una promesa hacia esa persona que tenia frente a mi, seguí caminando, y entonces recordé lo que sentía con esa persona.. Y que este signo no era madamas para hacerlo oficial, por mero papeleo, pues nuestros sentimientos eran tan claros que no necesitaban ponerse ante los ojos de un juez o Dios, ya que se sabia únicamente con estar cerca ambos.

Cuando le conocí no fue mas que un amigo, pasamos tanto tiempo juntos que cada uno comenzaba a aprenderse las manías y el lenguaje propio de cada uno, eramos como pequeñas partículas que se habían chocado en un determinado momentos, dos partículas que una vez se vieron pro primera vez se habían enganchado sin darse cuenta, por que el amor es eso, el amor no siempre se percibe en el momento que llega, y este amor era eso, una simple platica nos había llevado a ser inseparables, una platica donde nos habíamos sumergido en cada una de nuestras historias, un mundo único donde cada uno podía hablar libremente sin miedos, y sobre todo donde no existía el dolor, únicamente existía una amistad, una amistad que poco a poco fue volviéndose cada vez mas fuerte, hasta convertirse en esto que ahora somos, no fuimos novios en semanas, ni en meses, nos tomo años, por que en realidad disfrutamos de la amistad mas allá de lo carnal, de lo pasional, disfrutábamos de nosotros, de nuestras mentes, de nuestro valor propio, disfrutábamos de cada uno de nuestros pensamientos, y cuando por fin caímos en cuenta de que lo que sentimos era amor, una puerta mas se abrió, la puerta de la intimidad, donde nos entregamos sin miedo, sin dolor, sin miedos, y sobre todo, con toda la confianza suficiente para saber que eramos ambos los que estaban destinados a pasar tiempo juntos.




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