LA ULTIMA CAIDA

Hola Lectores de Infinitos Mentales!
Hoy presentare una nueva historia que viene a formar parte de las historias en colaboración, si te interesa participar en una "microhistoria" o quieres saber mas de que va, puedes dar click aquí, e infórmate al respecto.
El ejercicio de colaboración consiste en una "microhistoria" hecha por dos personas, donde ambos intercambian imágenes que servirán de guía para los seis capítulos que se realizan. 
Esta vez realizare la colaboración con Juan C. Solis, quien fue el que decidió comenzar esa microhistoria.





L A   Ú L T I M A   C A I D A 

Lo único que tenía conmigo ahora era mi respiración, la tierra nos había arrancado las casas, nuestras pertenencias, incluso se había llevado a mi familia. Este día parecía eterno, no dejaba de buscar a mi familia durante todo el rato y cuando por fin los haya estaban debajo de unas rocas con la respiración cortada, pocos minutos soportando el poco aire que entraba a cada uno de sus pulmones, aún tengo en mi cabeza esas miradas, aquellas que no lograre sacar tal vez nunca de mis recuerdos. Al verlos así solo pude cerrarle los ojos y llorar por dentro, las lágrimas no me salían por fuera, por más que trataba de emitir algún sonido no pude siquiera intentarlo, no pude tampoco decir ninguna palabra, todo fue silencio, vacío, tal cual era mi alrededor ahora,  la poca gente sobreviviente mantenía un silencio dolorosa que a nuestro alrededor volvía más devastador, solitario y oscuro el escenario, la ciudad había sido arrasada en unos minutos, minutos de movimientos de tierra que nos llevaron a perder nuestro pasado, nuestras pertenencias que creíamos permanentes, aquellas viviendas construidas, los vehículos, nuestras ciudades ahora eran un montón de escombros donde uno buscaba lo que podía servirle a cada uno, donde todo se volvió de todos, donde únicamente quedaban las respiraciones y las ganas de mantenerse con vida, de volver a estar de pie a pesar de que nuestro mundo se había venido abajo en minutos.


Entre los escombros todos nos pusimos a buscar cosas que pudieran sernos de utilidad, entre los escombros caminábamos, nuestra respiración cada vez más dolorosa hacía notar por que la tierra nos había reclamado su poder, nos decía en cada respiración que todo era nuestra culpa, que cada una de nuestras acciones nos había llevado a estos hechos que sucedían más frecuentemente cada vez, sin embargo esta parecía más mortal que todas, se rumoraba que habían recibido señales de que la mayor parte de la población de nuestro país había muerto, éramos tan pocos los que aun quedábamos vivos,  y lo peor era escuchar que en otros lados del mundo había sucedido lo mismo. Mi preocupación aumento cuando escuche esta noticia, tal vez faltaba muy poco para que también nuestros pulmones dejaran de respirar, el aire que atravesaba a cada instante se hacía cada vez más pesado, y solo los más fuertes sobrevivirían. Sin embargo estábamos vivos, y por alguna extraña razón era una buena señal, una donde había esperanza de que el mundo aun pudiera cambiar, éramos los elegidos y los que podíamos hacer de este mundo gris en el que vivimos un mundo diferente. Teníamos la esperanza colocada en forma de una flor marchita en un florero de papel, pero aún estaba, y eso era lo importante. Había que continuar el paso, el camino que venía por delante, era más difícil de llevarlo a cabo, pero no era imposible de sobrellevarlo.


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